En agosto, la banda española La Oreja de Van Gogh pasó por Baires para presentar su último disco Guapa.
La cita fue en el Luna Park, y como ultimamente tengo afición por las voces de la mater España, fui a verlos junto a mi hermana mayor y un amigo mio de la UP.
Creo que fue mi primera visita al Luna, y lamentablemente debo decir que no es un lugar ideal para dar conciertos. Para ser sinceros, está muy lejos de ser un Gran Rex, un Coliseo o cualquier otro buen teatro porteño. Butacas que con toda la furia arañan el titulo de sillas mediocres y sin inclinación alguna, vendedores ambulantes vendiendo panchos y cocas en el medio del recital y otros tantos detalles similares, dejan bien en claro de que es un estadio con techo y nada más.
Al margen del Luna, la banda cometió el pecado de guardar todas sus canciones clásicas y conocidas para los bises, por lo cual durante la primer parte del show, la gente apenas si podia tararear o seguir alguna cancion. El hecho estaba tan latente que Amaia en un momento del show, con cierto enfado a cuestas, decidio ponerse a cantar sentada en un banquito y aclarando al publico que ella decidia sentarse porque la gente no colaboraba.
Aclaro: lo que dije no debe tomarse como critica, porque Amaia puso mucho carisma y energia durante todo el show, vistiendo un shortcito naranja y una remera blanca (que me hacian recordar al Diego en sus epocas del Napoli), pero que de todas formas transmitia ese aire de libertad y de naturalidad al espectaculo, como aquel que intenta decir "yo vengo a cantar, no vengo a desfilar moda!".
Seguridad en si misma ante todo, más allá de algún kilito de sobra.
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